En los últimos años los vecinos de la Candelaria asisten impotentes a un sistemático proceso de destrucción de su barrio, uno de los más antiguos de Bogotá.
Las personas que deambulan por allí y disfrutan de sus calles, imaginan que todo lo que ven es arquitectura colonial. Nada más lejano de la realidad. En la Candelaria son pocas las casas o edificios auténticamente coloniales. Un alto porcentaje de la arquitectura es del s. XIX o de diversos estilos de la primera mitad del siglo XX. Pero una parte de lo que la gente admira como antiguo, es un estilo pintoresco, seudo colonial, impulsado durante años de manera nefasta por la corporación La Candelaria. Dicha entidad promueve una arquitectura de fachada, una escenografía de telenovela, simpática por fuera, pero que falta a la historia del barrio y engaña a los incautos turistas.

La parroquia de la Catedral
El nombre del barrio la Candelaria no existió durante la Colonia ni durante el siglo XIX. Lo que hoy conocemos por tal nombre era en aquel entonces la parroquia de la Catedral, conformada por 4 cuarteles o barrios, El Príncipe, La Catedral, Palacio y San Jorge. "La Catedral era sin duda el barrio mas importante y exclusivo de la urbe, puesto que en el se concentraban las sedes de las autoridades políticas y eclesiásticas, la mayoría de los templos de la ciudad y las viviendas de las gentes principales. Era también el sector mejor abastecido de agua y el que contaba con casi la totalidad de los establecimientos comerciales y de las casas de dos pisos de la ciudad". (Gutiérrez Cely, Historia de Bogotá, Siglo XIX, Villegas Editores, 1988). Estos barrios se extendían desde el actual eje ambiental de la Jiménez y la calle séptima por un lado, y las carrera segunda y trece, por el otro. Casi todos ellos conforman hoy a la Candelaria.

Pintoresquismo seudo colonial
En los últimos años decenas de casas que no tenían un origen ni colonial ni republicano, construidas en el siglo XX, han sido transformadas en fachadas seudo coloniales, que desvirtúan el patrimonio del barrio. Se simula así un pasado que no existió. Muchas de las construcciones coloniales dieron paso a múltiples modificaciones que le imprimieron a la zona el sello de varios siglos. En los años 50,60 y 70, después de la salida de la clase alta, ese fue un barrio relativamente popular y las construcciones reflejaron ese cambio social.

No podemos pues regresar la arquitectura de la Candelaria a un estilo uniforme, antihistórico. Lo grave es que al mismo tiempo que ha impulsado esa falsificación del pasado, la corporación permite la construcción de una serie de adefesios, el mayor promotor de los cuales ha sido el Banco de la Republica. Cualquier propietario que goza de poder, obtiene la aprobación de obras que no dialogan ni con el pasado ni el presente de esas históricas calles.
¿Por qué tanta indolencia hacia nuestro patrimonio?

Por Juan Carlos Florez
Publicado 08/29/2006